domingo, octubre 2, 2022
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Guillermo Dietrich en La Plata: “Yo de la Argentina siento orgullo”

La voz de la experiencia
Guillermo Dietrich en La Plata: “Yo de la Argentina siento orgullo”

El reconocido empresario del rubro automotor estuvo en La Plata en ocasión del evento “Argentina ante una nueva oportunidad” y dejó importantes definiciones en su charla con La Gran Capital.

La amplitud de la educación puede alcanzar a las personas pero será limitada si no se aplica también la formación para enfrentar situaciones: desde cruzar una calle o escuchar oradores hasta levantar una empresa en quiebra. En la fluidez de las palabras y la claridad de los conceptos de Guillermo Dietrich se advierte no solo a un hombre educado sino también formado. Así se nota en el diálogo, que el Vicepresidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios mantuvo con La Gran Capital, en ocasión del evento anual de la economía y el comercio “Argentina ante una nueva oportunidad”

La Cámara, pronta a cumplir 100 años de trayectoria, abarca las actividades que conforman el 68 % del PBI y un porcentaje similar de la ocupación registrada.

Dietrich contó que la entidad cuenta con un instituto de comercio exterior muy activo y, desde hace más de 50 años, la Universidad CAECE, con un gran nivel de profesores, muchos departamentos, y posibilidad de postgrado. En ella “se han graduado muchos alumnos que han tenido luego responsabilidades dirigenciales tanto en instituciones y empresas como en el ámbito de la política” apunta.

También se refirió a la importancia de los emprendedores “Nuestra cámara tiene una rama dedicada al tema, una usina de emprendedores. Damos capacitación y una vez por año reconocemos a los diez mejores emprendedores. Es una cosa maravillosa ver las novedosas ideas que la gente puede aportar. Los argentinos somos muy creativos y muy capaces”.

Acerca de esta creatividad y capacidad, el empresario amplió la idea contando que “en una ocasión decidí poner un taller en la Villa 31, a pesar de algunas recomendaciones negativas. Yo lo que necesitaba era seguridad, que no asaltaran al propio taller ni a la gente que iba a trabajar. Por suerte, conocí al intendente del lugar, un tal Castillo, y hablé con él. Lo primero que me dijo es ‘acá en la villa no hay ladrones, y si los hay, cometen sus delitos fuera de aquí, al otro lado del alambrado, así que quédese tranquilo’. Luego de darme esa tranquilidad, me pidió que tomara a dos muchachitos nacidos en la villa, con apenas tercer grado. Averigüé en qué condiciones vivían, cómo estaban alimentados, qué necesitaban. Hoy son los mejores técnicos que tengo. Ellos solos aprendieron ingles y comprendieron rápidamente las instrucciones de los simuladores y escaneadores cuyas instrucciones venían en esa lengua. Una gran lección que me empuja al optimismo. Creo que tenemos un país genial. Por eso estamos abocados a la capacitación, esto empodera a las personas y les da libertad. Somos defensores de la libertad, aunque no en el sentido de lo libertario que se pregona por estos días”.

Aunque habitualmente hay tensión entre empresarios y sindicatos por la lógica puja en la distribución, Guillermo Dietrich incluye a los gremios como parte de algunas de sus tantas experiencias positivas. “No hace mucho, en Bahía Blanca, junto a los salesianos, al Intendente, y a la regional SMATA -pese a lo que dice de los sindicatos, como en cualquier institución, la mayoría de la gente es buena- pusimos en marcha las escuelas técnicas que cerró Menem. También intervino ACARA. Allí, los alumnos aprenden computación, como funciona un banco de estiramiento, etcétera. Hasta conseguimos un ebanista de 80 años que accedió a dar clases. Ahora todos los chicos tienen salida laboral casi asegurada”. Incluso el empresario acotó que se optimizó el curso reduciéndolo de dos años a uno y doblando la carga horaria, lo que redujo la deserción.

“Una vez me contó un técnico electrónico que salió de nuestra escuela y que se incorporó a la empresa, ‘antes yo salía a robar por las mañanas y a la tarde hacía malabares con pelotitas en el semáforo, a la noche cuando cenaba con mi mujer y mis hijos, no levantaba los ojos del plato, no me atrevía a mirarlos. Ahora sí, y es el honor de tener trabajo’, por eso creo en el valor del trabajo” reflexionó el empresario.

-Y desde su experiencia, ¿cómo ve el destino de la Argentina? ¿Es optimista con respecto a su futuro?

-Yo inauguré mi empresa cuando tenía 20 años y ya cumplió 57. Todo lo que hice se lo debo a la Argentina, un país que tiene todas las posibilidades. Mi familia vino toda de afuera. Podría haber tenido pasaporte alemán y no quise, soy un profundo agradecido de la Argentina. Mi abuelo paterno vino huyendo de la guerra, era profesor universitario, se afincó en Urdinarrain, provincia de Entre Ríos; mi padre, farmacéutico; mi madre, de origen árabe, también vino porque no tenían lugar ni destino cierto, y acá los abrazaron, los recibieron; yo de la Argentina siento orgullo. Tenemos una riqueza enorme y la explotan otros, la nación es como un edificio que ha tenido distintos administradores que a lo largo del tiempo hemos elegido, algún día la vamos a pegar con el adecuado.

Conozco todo el país, lo he recorrido a lo largo y a lo ancho, he transitado de punta a punta la ruta 40 y le puedo asegurar que no hay un 50 % de pobres. He visto en Santiago tipos que ganan 500 mil pesos por mes y figuran entre los pobres, no están registrado en ningún lado. Hay mucha informalidad, no quieren hacer una boleta. Si tuviéramos 50% de pobreza tendríamos una guerra civil.

Este es un país de oportunidades, por eso les digo a los chicos jóvenes que hay que capacitarse y quedarse, el que se va a Europa, se le va el cuerpo, pero acá se queda el alma y mientras busca un trabajo acorde, allá limpia copas, cosa que acá no lo hace.  Yo creo firmemente que podemos salir, hace falta capacidad, humildad, honestidad y trabajo. Alguna vez compré una empresa quebrada, primero vino el proyecto de lo que quería, la gente buena queda, la mala se va, nada de corrupción y asunto arreglado.

El buzón de Toyota

“En la planta de Toyota, en Zarate, cuenta Dietrich, hay un buzón de ideas donde los operarios opinan o proponen mejoras para los distintos procesos. Ese buzón regularmente se lo llevan a la casa matriz en Japón e, increíblemente para muchos, los japoneses toman una gran cantidad de esas ideas y las incorporan”.

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