miércoles, abril 24, 2024
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De patadas a la cárcel: entre realidad e hipocresía

Especial para La Gran Capital
De patadas a la cárcel: entre realidad e hipocresía

Por José María TAU

Dificilísima la tarea del Tribunal de Dolores que debe decidir si irán a la cárcel por el resto de sus días los jóvenes que habrían provocado la muerte de Fernando Báez Sosa.

            Ni bien se considere que la pena por el homicidio en riña es sustancialmente menor (dos a seis años, según el artículo 95°) y que de la autopsia no puede deducirse la concreta causa mediata de su muerte (cuál habría sido la patada mortal), se entenderá el esfuerzo de la Fiscalía y particular damnificado tendiente a demostrar que en los minutos transcurridos desde la salida del local, hasta la brutal golpiza (de menos de un minuto, ilustrada con videos profusamente repetidos, con fidelidad de imagen prolijamente mejorada), los acusados planearon matar a la víctima.

            El final de este juicio no será inmediato. Se espera un fallo de Casación. No se descarta algún planteo de nulidad -ya preanunciado- que llegaría hasta el máximo Tribunal. Pero ningún final podrá satisfacer a todos. Por eso puede enfocarse desde la bioética social. Porque no es un drama. Es una tragedia.

De los delitos y las penas

Desde la Ilustración y las propuestas del Marqués de Beccaria, la teoría del delito y el poder punitivo del estado son capítulos apasionantes de las Ciencias Jurídicas y la tipificación y castigo de una conducta intentan armonizar con el clima epocal.

Nuestro Código Penal data de 1921 y no casualmente se le han introducido cientos de modificaciones e incorporaciones, aunque no haya prosperado un reciente intento de reemplazo total.

En una sociedad urbana hipersexualizada y cada vez más violenta (no sólo física; también verbal y visual), sexualidad y violencia dieron lugar a variosde esos cambios.

Hay ejemplos paradigmáticos: hasta 1995 el Código criminalizaba el adulterio (eraun delito sancionable por un juez). Hoy la fidelidad dejó de ser obligación legal para los cónyuges. El Código Civil de 2015 considera la tutela de la familia monogámica materia de la moral (y “moral”, en la lengua del derecho punitivo, es casi como decir costumbre…o etiqueta).

Con la violencia respondió agravando penas. Mantuvo vigente la genérica para el homicidio, de 8 a 25años (artículo 79°), con prisión y reclusión perpetua para el cometido mediante “el concurso premeditado de dos o más personas” y los supuestos de ensañamiento y alevosía (art. 80°).

Desde 2012 prevé la pena máxima para el femicidio y crimen el cometido por placer, odio racial, religioso, u orientación sexual.

            La teoría jurídica muestra un péndulo entre quienes acentúan la responsabilidad individual del victimario y quienes intentan paliarla con explicaciones contextuales históricas, sociológicas y psicológicas.

            Exageran quienes consideran inexorablemente víctimas a los victimarios, como si el delito fuera mero producto del ambiente social y familiar. Pero no menos exagerado sería analizar y juzgar conductas delictivas prescindiendo de contextos que no sólo condicionan, sino que pueden llegar a determinar la acción humana emergente.

Mirar para otro lado

            Los medios del país no hablan de otra cosa. Proliferaron analistas, consultores, abogados y, sobre todo, periodistas que ensayan su rostro más serio para mirar las cámaras y repetir: ¡Qué barbaridad ¡Qué asesinos!

Los jueces deben juzgar conductas concretas, claro.Pero ¿cómo circunscribir sin descontextualizar la mirada?

Desde su nacimiento los acusados vienen consumiendo enormes dosis de violencia. Quizá hasta jugaron con el “kicking and jumping”, ese jueguito donde el protagonista va por la calle ganando puntos… con cada patada (a latas, zapatos, basura y personas).

Y los jueces tampoco pueden desconocer que la “nocturnidad” es inseparable de otros consumos.

¿Acaso alguien cree que sin grandes cantidades de alcohol puede soportarse lúcidamente más de un rato el nivel sonoro de una discoteca?.¿ O ignora seriamente el nivel de consumo de sustancias que ha copado la calle, no sólo la noche y en lugares de veraneo?

            Hay quienes consideran políticamente incorrecto hablar de adicciones. Hablemos de “consumos problemáticos”. Pero sería hipócrita ignorar la generalizada aceptación de sustancias. La explicación más aceptada es la de Freddie Mercury, cuando en“Rapsodia Bohemia”, su novia lo encuentra con drogas sobre la mesa: “muy difícil vivir la vida sin algo de anestesia”.

Aunque es realidad estén “sacados”, muchos de nuestros jóvenes necesitan sustancias y alcohol para “colocarse”. Sentirse viviendo…y pertenecer.

Varios de los mensajes entre los acusados hablaban de “flores” (de cannabis) y alcohol. Pero no se le practicarondosajes y determinaciones de consumosino muchas horas después…

Los patovicas del boliche (que sacaron a los revoltosos para evitar peleas adentro) estaban a metros y medio y percibieron la mortal paliza. Pero se eximieron de intervenir (y complicarse) porque -según “la norma”- la calle es de las fuerzas de seguridad.

Los policías sabían (debían saber, por su función) que dos grupos de jóvenes fueron expulsados del local, pero en vez de mantenerse alerta, dan vuelta la manzana para presuntamente evitar una gresca.

Cuando acalle la gritería

            La mayoría de periodistas y analistas ya los han condenado. A ellos y a sus padres, cuyo destino sería tener que verlos en un penal por el resto de sus días. “Pagarían su falla como padres” sentenciaba una joven periodista, a lo que alguien sentado a su lado se permitió agregar “al menos los tienen vivos, no como los padres de la víctima”.

¿Alguien en su “sano juicio” puede pensar que una sociedad se modela con castigos? La pena llega tarde, si llega. Y concentrarse en el castigo es volver a la justicia sacrificial. Como en “El Juego de Abalorios”, la obra cumbre de Hermann Hesse, cuando el “hacedor de la lluvia” no logra con sus conjuros terminar con la sequía y se siente obligado a pedir que lo sacrifiquen. Y lo sacrifica su propio hijo, para sucederlo como… “hacedor de la lluvia”

“¡Educación, Educación!”Se grita para decir… nada.

Aunque educar para la libertad y el amor nunca fue tarea exclusiva de la escuela, la crisis de la educación (pública y privada) es tan profunda como las transformaciones que registra nuestra sociedad.

Y la familia -seamos francos- casi no existe.

Docentes (“conductores”) en esa dirección deberíamos ser todos los que tomemos la palabra y los medios. Si no, mejor callemos.

* Abogado. Vicepresidente de la Asociación Argentina de Bioética Jurídica

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