sábado, mayo 18, 2024
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Tirando del carro para lograr el déficit cero

Argentina y Brasil caminos opuestos
Tirando del carro para lograr el déficit cero

El impuesto a los fondos de inversión de los superricos de Brasil implementado por el gobierno del presidente Luiz Ignacio Lula da Silva permitió que la recaudación tributaria en enero haya sido la mejor de la historia. El aumento de la recaudación es considerado la pieza clave para el objetivo del déficit cero planteado por el ministro de Hacienda, Fernando Haddad. La Argentina también tuvo buenos números en ese sentido, pero a costa de los sectores más vulnerables.

Los propios súper millonarios del planeta admiten que es necesario que ellos paguen más impuestos para equilibrar la desigualdad mundial.

Recientemente en el Foro Económico Mundial de Davos mientras el presidente Javier Milei tuvo una errático discurso,  un grupo de más de 250 empresarios y multimillonarios dio a conocer una iniciativa en la que abogan por el pago de más impuesto a la riqueza, puesto que consideran que la obtención de esos recursos surgidos de riqueza privada acumulada ociosa, permitirá “una inversión para nuestro futuro democrático común” y así mejorar la calidad de vida de las personas.

Según un estudio del Observatorio Fiscal de la UE los gobiernos de todo el mundo deberían emprender un esfuerzo coordinado para prevenir la evasión fiscal y crear un impuesto mínimo global para los multimillonarios, el cual podría recaudar unos 250.000 millones de dólares al año.

En proporción los más ricos pagan menos que los contribuyentes comunes porque pueden depositar su riqueza en empresas fantasma que los protegen del impuesto sobre la renta, advierte el grupo en su Informe Global de Evasión Fiscal 2024.

Según datos de Banco Mundial y de la prestigiosa revista FORBES, el 1 % más rico acumula casi el doble de riqueza que el resto de la población mundial en los últimos dos años.

Durante la última década, los súper ricos han acaparado el 50 % de la nueva riqueza generada, cifra que acaban de superar.

La fortuna de los multimillonarios está creciendo a un ritmo de 2700 millones de dólares al día, al mismo tiempo que al menos 1700 millones de trabajadoras y trabajadores viven en países en los que la inflación crece por encima de los salarios, como ocurre en Argentina.

Con la aplicación de un impuesto a la riqueza de hasta el 5 % a los multimillonarios y milmillonarios podrían recaudarse 1,7 billones de dólares anualmente, lo que permitiría que 2000 millones de personas salieran de la pobreza.

El 1 % más rico ha acaparado casi dos terceras partes de la nueva riqueza generada desde 2020 a nivel global (valorada en 42 billones de dólares), casi el doble que el 99 % restante de la humanidad, revela un nuevo informe de la reconocida ONG Oxfam, durante la última década, el 1 % más rico ha capturado alrededor del 50 % de la nueva riqueza.

Alemania, Francia y otros países de occidente ya han puesto en marcha este tipo de tributo, ya que todas las naciones apuntan a no tener déficit en sus cuentas públicas.

La pregunta es quien absorbe el déficit, o los más ricos, o los más pobres como está sucediendo en la Argentina, más teniendo en cuenta que muchas de las grandes fortunas en el mejor de los casos provienen de la especulación financiera, pero también son producto de la evasión, del lavado de dinero, del narcotráfico o del crimen organizado.

El caso Brasil

El impuesto a los fondos de inversión de los superricos de Brasil implementado por el gobierno del presidente Luiz Ignacio Lula da Silva  aumentó la recaudación, que llegó casi al 7% interanual. La medida es considerada clave para el objetivo del déficit cero planteado por el ministro de Hacienda, Fernando Haddad, para 2024.

El resultado es el mejor registrado en términos reales para todos los meses en la serie histórica de la estadística, iniciada en 1995.

Uno de los factores que contribuyó positivamente al resultado fue la tributación de los fondos de inversión exclusivos de los llamados superricos, que generó 4.100 millones de reales, 830 millones de dólares, un crecimiento real del 24,4%.

En Argentina

En enero nuestro país obtuvo superávit en sus cuentas fiscales, pero a diferencia de Brasil, los que contribuyeron mayormente para bajar el déficit fueron los jubilados en lugar de los super ricos.

La receta de Milei de ajustar a los que menos tienen no parece llevar a buen camino. La caída de la actividad, el empobrecimiento de clases medias y bajas, el cierre de Pymes, la suba del desempleo, el retroceso del consumo y una inflación que se devoró la brutal devaluación de hace dos meses, es un coctel fatal que puede generar una explosión social de magnitudes incalculables. 

Argentina tiene serios problemas estructurales, donde cada vez las relaciones son más asimétricas, se ha producido una enorme transferencia desde los sectores más pobres a los más poderosos. Aquí la ley de la oferta y la demanda no existe porque hay monopolios que no tienen competencia, porque hay una evasión incontrolada, contrabando en los puertos, y ahora se ha agregado el problema del narcotráfico cuyo crecimiento es exponencial. Para colmo un estado ausente cuyo lema es dejar hacer y dejar pasar lo único es que genera son pingues negocios para los que están cerca del poder.

Entre los millonarios argentinos figuran Marcos Galperin, Paolo Rocca, Gregorio Pérez Companc, Alberto Roemmers, Alejandro Bulgheroni, Eduardo Costantini y Eduardo Eurnekian

No es cierto que el país no genere dólares, sino que se fugan. Parece este ser un buen lugar para saquear y no para reinvertir lo fugado. Se calcula de acuerdo a los datos oficiales que los argentinos tienen debajo del colchón, en bancos extranjeros, en paraísos fiscales o en cajas fuertes alrededor de 300 mil millones dólares, no se cuentan aquí el dinero negro que alcanzaría una cifra difícil de imaginar.

En definitiva, el mundo está preocupado por la desigualdad. No se trata de un estado chico o grande sino eficiente. No se puede vivir en una jungla donde el animal grande se come al chico. Es necesario que los estados, como ocurre en la mayoría de los países avanzados  regulen o eliminen las actividades que empobrecen cada día más a la población. Nosotros parece que vamos en la dirección contraria  

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