martes, julio 23, 2024
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Reflexiones sobre las sociedades disociadas /encerradas

Paradigmas en la entropía
Reflexiones sobre las sociedades disociadas /encerradas

(*) Por Lic. Jorge L. Tesoriero

La Sociedad Disociada /Encerrada, la modernidad lleva a una sociedad cada vez más individualista, adoptada a espacios sumamente reducidos. 

La Pandemia agigantó la disociación trayendo “nuevos valores”. 

La aceleración de la sociedad del encierro. 

La resolución de la vida diaria desde el hogar. 

Todo se compra por internet, también se recibe a domicilio, desde los alimentos, ropa, electrodomésticos y un largo etc.  La salud, ya los médicos, sicólogos, atienden por programas televisivos. 

Metaverso. Soñado por Mark Zuckerberg  el salto de la humanidad, la realidad virtual. El concepto sería vivir en un mundo virtual, sin salir de casa.

La realidad virtual es una tecno…

Estarán amenazados cada vez más, por los que están afuera, de las ciudades que poco a poco van amurallándose contra los “barbaros”. 

Pareciera que todo no es lineal por el contrario fatalmente,  todo es circular, vuelven los tiempos de la barbarie. 

Los ideólogos del ya trillado “80/20”, no resolvieron que hacer con estos 80/% excluidos de estas metrópolis, la tecnología de exclusión, no contempla la resolución de un futuro que por el momento ni las pandemias ni las guerras lograron solucionar esto por la desaparición física de  millones de personas.

Las Metrópolis “tecno” se vislumbran con dirigencias extremas, meritocráticas, “la supervivencia del más apto”. 

Esto que resulta hoy casi imposible de aceptar va tomando cuerpo en distintos países del mundo. 

El racismo, el odio por los pobres, argumentaciones simples, autojustificatorias , “son pobres porque quieren, los hijos de estos son todos analfabetos, ladrones, drogadictos, no merecen nada”. Algunos muchos piensan que lo mejor es eliminarlos.

 Poco a poco estas ideas se cristalizan en un sector que por distintas circunstancias tienen acceso a la modernidad y un estilo de vida cada vez más individualista, solo se trata con gente “como uno”. La buena gente.

 Todo tiene sus bemoles los del afuera, la mala gente, reacciona y reaccionará lo demuestra la historia siempre el costo es inmenso en la lucha por no desaparecer. 

Las contiendas se entrecruzan con una  rapidez inusitada, la violencia se multiplica, los modelos del futuro se complican y resignifican la crisis planetaria sacude alianzas nuevas, guerras y conflictos de intereses  que el mundo financiero hegemoniza con inestabilidad creciente. 

 Todo es oscilante pero con un rumbo cada  vez más beligerante y excluyente.

Los científicos atómicos creen que la humanidad está más cerca que nunca de la aniquilación, debido a la invasión rusa a Ucrania, la ofensiva de Israel sobre Gaza. Teniendo en cuenta los riesgos “existenciales” para la tierra y sus habitantes, la amenaza nuclear, el cambio climático, las tecnologías disruptivas, como la inteligencia artificial (I.A.) y las nuevas biotecnologías.

Seguramente quien tenga el predominio tecnológico en los próximos años será la potencia rectora. 

La pregunta inquieta… ¿a qué precio y por cuánto tiempo? ¿O será el último tiempo de la humanidad?

La delegación de funciones del humano a un dispositivo con capacidad de almacenamiento de dato y procesamiento de algoritmos (celular, computadoras en sus diversas versiones) empobrece las capacidades cognitivas del humano. «Esta delegación de funciones masiva, no es solamente unidireccional. Cuando vos delegas las funciones, la máquina te formatea el cerebro» dice Miguel Benasayag.

Probablemente por esta razón, los promotores del Silicón Valley y principales beneficiarios de estas aplicaciones tecnológicas tratan de preservar a sus hijos e hijas de su influencia enviándolos a escuelas con poco o ningún uso de dispositivos digitales, pero con experiencias de naturaleza, arte y filosofía.

Los inventores, inversores y comercializadores de la tecnología han presentado las redes sociales y la inteligencia artificial como una forma de progreso inevitable. Pero con el correr del tiempo vemos que estas herramientas, lejos de mejorarnos, han disminuido nuestra capacidad de atención y nuestro pensamiento profundo. La inseguridad que provocan ha complicado incluso la acción política y la vida democrática, donde algunos se refugian detrás de las pantallas para fomentar y agitar el odio y la violencia o buscan la simplicidad de la narrativa polarizadora. Pese a la creciente evidencia del daño, los tecnólogos niegan los efectos nocivos. Turkle Sherry.

(*) Observatorio Productivo Nacional (O.P.N.)

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